EL MILLONARIO QUE QUERÍA CORROMPERME
697 Vistas · En curso · graciela rico
Renata Soler perdió su carrera, su prometido y su reputación cuando el hombre con quien pensaba casarse utilizó su firma para cometer un fraude. Sin dinero y con todas las puertas cerradas, acepta restaurar Halston House, una antigua mansión de Edimburgo cuyo salón de baile lleva quince años abandonado.
El proyecto podría limpiar su nombre, pero tiene una condición inesperada: deberá vivir durante noventa días bajo el mismo techo que Julian Ashcroft, el arrogante millonario que heredó la propiedad.
Julian no quiere una desconocida revisando su casa ni acercándose a los secretos de su familia. Cuando descubre que el contrato de Renata quedará anulado si mantiene una relación íntima con él, decide seducirla hasta obligarla a marcharse.
Renata descubre su estrategia y transforma la provocación en una apuesta con nueve reglas. Ninguno podrá mentir, tocar sin permiso ni utilizar las heridas del otro. Cada regla rota deberá pagarse con una verdad.
Él cree que puede hacerla perder el control.
Ella está decidida a convertir al seductor en el primero que suplique.
Pero cuando el deseo deje de ser parte del juego, ambos descubrirán que enamorarse puede ser mucho más peligroso que revelar cualquier secreto.
El proyecto podría limpiar su nombre, pero tiene una condición inesperada: deberá vivir durante noventa días bajo el mismo techo que Julian Ashcroft, el arrogante millonario que heredó la propiedad.
Julian no quiere una desconocida revisando su casa ni acercándose a los secretos de su familia. Cuando descubre que el contrato de Renata quedará anulado si mantiene una relación íntima con él, decide seducirla hasta obligarla a marcharse.
Renata descubre su estrategia y transforma la provocación en una apuesta con nueve reglas. Ninguno podrá mentir, tocar sin permiso ni utilizar las heridas del otro. Cada regla rota deberá pagarse con una verdad.
Él cree que puede hacerla perder el control.
Ella está decidida a convertir al seductor en el primero que suplique.
Pero cuando el deseo deje de ser parte del juego, ambos descubrirán que enamorarse puede ser mucho más peligroso que revelar cualquier secreto.
















