El Placer Prohido en la Cama de mi Madrastra
689 Vistas · En curso · Mia blair Escritora
El sonido de los pasos de Silas en el pasillo hace que el corazón de Raquel martillee contra sus costillas, pero Ares no se detiene. Sus manos, curtidas por el trabajo duro, la sujetan con una fuerza que la deja sin aliento mientras la embiste contra la pared de la habitación matrimonial.
—Ares… detente… —gime ella, enterrando las uñas en sus hombros anchos, intentando sofocar un grito de placer que amenaza con delatarlos—. Tu padre… mi esposo… está afuera. Puede escucharnos, por Dios…
Ares sujeta su mandíbula, obligándola a mirarlo a los ojos, con la respiración entrecortada y la mirada cargada de una furia oscura y posesiva.
—Que escuche —gruñe él, aumentando la potencia de cada estocada, ignorando el riesgo—. Que sepa que, aunque lleves su anillo, cada vez que gritas, es mi nombre el que sale de tu boca. No eres de él, Bonita. Nunca lo fuiste.
Raquel muerde su labio inferior para no gritar cuando él la posee con una rudeza que la hace olvidar quién es y dónde está. En ese cuarto, el riesgo de ser descubiertos no es un freno, sino el combustible que aviva un pecado que los consumirá a todos.
¿Qué sucede cuando el heredero reclama lo que es del padre? ¿Y quién reclamará al hijo que crece en el vientre de la mujer prohibida?
—Ares… detente… —gime ella, enterrando las uñas en sus hombros anchos, intentando sofocar un grito de placer que amenaza con delatarlos—. Tu padre… mi esposo… está afuera. Puede escucharnos, por Dios…
Ares sujeta su mandíbula, obligándola a mirarlo a los ojos, con la respiración entrecortada y la mirada cargada de una furia oscura y posesiva.
—Que escuche —gruñe él, aumentando la potencia de cada estocada, ignorando el riesgo—. Que sepa que, aunque lleves su anillo, cada vez que gritas, es mi nombre el que sale de tu boca. No eres de él, Bonita. Nunca lo fuiste.
Raquel muerde su labio inferior para no gritar cuando él la posee con una rudeza que la hace olvidar quién es y dónde está. En ese cuarto, el riesgo de ser descubiertos no es un freno, sino el combustible que aviva un pecado que los consumirá a todos.
¿Qué sucede cuando el heredero reclama lo que es del padre? ¿Y quién reclamará al hijo que crece en el vientre de la mujer prohibida?















































