Me casé con el Hombre que arruinó a mi Padre
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La noche en que su padre fue destruido frente a la élite del país, Valeria Cruz dejó de creer en la justicia y comenzó a profesar una sola fe: la venganza.
El responsable tiene un nombre que ella juró olvidar: Sebastián Montalvo. El hombre más poderoso del sector financiero y el mismo que, años atrás, le enseñó el significado del amor solo para dejarle una cicatriz imborrable.
Cuando un escándalo mediático convierte a Valeria en la principal sospechosa de un fraude multimillonario que no cometió, su mundo se colapsa. Sin aliados y con la sombra de la cárcel acechándola, él reaparece con una propuesta tan tentadora como letal: un matrimonio por contrato.
Una alianza forzada. Un vínculo forjado en el odio.
Valeria acepta el trato, pero no para salvarse. Entra en la boca del lobo con un único objetivo: infiltrarse en el imperio de Montalvo y destruirlo desde adentro. Lo que ella no sospecha es que Sebastián no es solo el verdugo de su familia; él está jugando un juego mucho más oscuro, donde las verdades duelen más que las traiciones.
En este matrimonio solo hay una regla: no confiar.
Porque cuando el odio es el motor, el amor no es una debilidad… es el arma más peligrosa.
El responsable tiene un nombre que ella juró olvidar: Sebastián Montalvo. El hombre más poderoso del sector financiero y el mismo que, años atrás, le enseñó el significado del amor solo para dejarle una cicatriz imborrable.
Cuando un escándalo mediático convierte a Valeria en la principal sospechosa de un fraude multimillonario que no cometió, su mundo se colapsa. Sin aliados y con la sombra de la cárcel acechándola, él reaparece con una propuesta tan tentadora como letal: un matrimonio por contrato.
Una alianza forzada. Un vínculo forjado en el odio.
Valeria acepta el trato, pero no para salvarse. Entra en la boca del lobo con un único objetivo: infiltrarse en el imperio de Montalvo y destruirlo desde adentro. Lo que ella no sospecha es que Sebastián no es solo el verdugo de su familia; él está jugando un juego mucho más oscuro, donde las verdades duelen más que las traiciones.
En este matrimonio solo hay una regla: no confiar.
Porque cuando el odio es el motor, el amor no es una debilidad… es el arma más peligrosa.











































