Estaba acostumbrada a ser la chica invisible en todos lados. Su presencia pasaba desapercibida, como si fuera parte del mobiliario. Sin embargo, todo cambiaba cuando alguien decidía hacer un comentario ofensivo sobre su cuerpo voluminoso. Para algunas personas, tener unas libras de más era considerado un pecado mortal, y no dudaban en señalarlo con crueldad. A pesar de que intentaba ignorar esas palabras hirientes, cada comentario dejaba una marca, recordándole que, para muchos, su apariencia era más importante que cualquier otra cualidad que pudiera tener.
“No me importa lo que opinen de mí, siempre y cuando el amor de mis padres sea incondicional. No entiendo por qué, si me consideran curvilínea y poco atractiva, me tienen envidia. Fui una estudiante destacada, me gradué con honores, cocino bien y me dedico a las tareas del hogar. Salir a pasear no es parte de mi rutina; prefiero que nadie me vea y rara vez salgo de casa. Aunque la tragedia siempre ha estado presente en mi vida, no comprendo qué he hecho para enfrentar tantos momentos amargos. Hasta que, por cosas del destino, conocí a un hombre que me hizo sentir hermosa, amada y deseada. Fue una ilusión efímera que terminó rompiéndome en mil pedazos. ¿Acaso la felicidad no está destinada para mí?”